3 de dezembro de 2014
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Sony Playstation (PSX) cumple 20 años y yo la conocí así - Artículo personal para nostálgicos cotillas

12/03/2014
Ah mis queridos viejunos... los años van pasando. Las décadas amontonando. Las canas haciendo su sitio, aunque más de uno ni siquiera tiene eso ya. Parece que fue ayer cuando la vimos llegar, sonrojada al destaparla y descubrir sus líneas sensuales. Rubricada entre letras bien grandes que anunciaban a gritos su rabiosa modernidad. Liberándola del cartón y el plástico, acunándola como un recién nacido. Eran otros tiempos, y los videojuegos aún significaban un mundo colmado de pequeñas ilusiones en mitad de un universo todavía por descubrir. Veinte años han pasado... veinte años en las que con ella me lo he pasado como con nadie, y todavía la sigo observando con los mismos ojos de entonces, como si fuera nuestra primera vez.

ohhhh, ohhhh... ahhhhh, ahhhhh

Amigos, compañeros, videojugones de pelo en pecho y amas de casa con traviesos infantes. Nuestra pequeña se nos ha hecho mayor. Veinte años ni más ni menos este 3 de Diciembre de 2014, y todavía recuerdo lo joven que me parecía cuando aquí mismo en este blog le dediqué una pequeña entrada que nunca le hizo justicia en el que fue su decimoquinto cumpleaños.

Por eso y para resarcirme, he decidido en este caso tirar la casa por la ventana y hacer un pequeño repaso a lo que supuso para mí entonces (sobre su historia existen innumerables ríos de tinta e información) su adquisición. Los cambios más notorios una vez puesto en faena, y cómo la sociedad que en aquel momento me rodeaba fue poco a poco entrando por el aro, y dejó (en parte) de demonizar a un ocio como era el de los videojuegos, tan loable como cualquier otra opción.

Ciudadanos de Lluropa, no subestimen el poder de Soni Pleiesteison

El descubrimiento de Playstation (PSX)

Que quede claro que yo nunca fui de los que se compraban algo nada más se ponía a la venta. PSX era una máquina cara en el momento de su salida. Recuerdo que debería rondar más o menos las 60.000 pesetas, así que no iba a ser yo el tarado que se gastara tanta pasta en una consola aunque, como más tarde se demostró, lo valiera. Yo preferí esperarme.

La llegada de Playstation me pilló con una buena pelambrera allí donde más abajo del ombligo éste pierde su nombre. Vamos, que ya tenía mis años y si quería hacerme con ella, la única ayuda posible era ponerme a currar. Por aquel entonces sobrevivía (más o menos como hoy lo hacemos la mayoría) haciendo trabajos temporales y ñapas a las órdenes de algún jefe cabrón. La última consola que había pasado por mis manos era una Super Nintendo prestada, y no hacía mucho (más o menos un año antes de hacerme con ella) que yo me había comprado mi primer PC digamos potente (Un 166 MMX; una caña para la época junto con el 200 y el 233 de Intel) donde le daba rienda suelta a clásicos como Doom, Tomb Raider, Warcraft y algo más tarde a un novísimo Grim Fandango sin ir más lejos. Llevaba un tiempo colándose por la tele la publicidad de un tipo de voz extraña, peinado de oficina y acento extranjero. ¿Recordáis aquello de "ciudadanos de Europa: no subestimen el poder de Sony Playstation"? Pues ese mismo. Su cantinela se iba metiendo lentamente en nuestras cabezas hasta que uno cerraba los ojos y no veía nada más que el logo de la consola o deseaba salir corriendo hacia la tienda. Creo que el vídeo lo podéis encontrar bajo el nombre de Society Against Playstation de 1995. No sería el único de este tipo ni el último dedicado a la consola (aquella chica de trenzas y ojos extraterrestres que daba cierto reparo).

esta daba más mal rollo pero seguro que noslafo

Pero yo todavía no me dejaba influir (en realidad no tenía dinero suficiente como para poder permitírmelo y prefería guardarme a estar a dos velas el año siguiente, aunque también he de decir que todos los de mi quinta éramos un tanto reacios a comprarnos una máquina de una compañía que hasta ese momento sólo conocíamos por los aparatos de radio y poco más), así que me esperé unos meses hasta que me decidí. Creo que precisamente por Navidad.

Pero el detonante real de que yo me comprara aquella consola, y fijaros cómo son las cosas ya que en este aspecto cada uno de los que estáis leyendo tendréis vuestro motivo o juego fetiche, fue el hecho de que dentro del catálogo de aquella flamante consola que cambiaba todo lo visto hasta la fecha y que por fin expresaba en pantalla el tan cacareado 3D con mejor acierto que SEGA Saturn, viniera el que ahora es un gran clásico y uno de los mejores juegos de lucha de Sony como el poderoso Tekken 2. Sí, había logrado jugar en su versión recreativa, y fueron suficientes unas cuantas monedas para darme cuenta de que estaba ante uno de los mejores videojuegos de lucha y más "realistas" (más por sus técnicas que por sus saltos imposibles) que había visto con perdón de Virtua Fighter.

Tekken 2 para PSX en su mejor edición.

Dicho y hecho. Me decidí a hacerme con la máquina gris en cuanto supe que Tekken 2 gozaría de su propia versión en aquella consola. ¿Y qué versión? Muchísimos más personajes, numerosos modos de juego, y unas escenas de vídeo que quitaban realmente el hipo.

Y ya que no pude hacerme con el juego en el momento de su salida, lo primero que hice fue bajar a la ciudad y dirigirme a un Centro Mail ahora ya desaparecido para ver lo que se cocía. Nada más entrar la bofetada fue poco menos que sonora. Delante de mis ojos algunos compradores se deleitaban jugando a Die Hard Trilogy. Me quedé literalmente alucinado sabiendo que aquello y otras muchas cosas podrían venir de la mano de la circuitería interna de aquella bestia tecnológica. No me lo pensé más veces. Aproveché que iba con un vecino para salir ambos con sendas consolas. Todavía recuerdo al vendedor (un tipo moreno de gafas) diciéndome ante el comentario de que la consola con la que más había jugado (no la única, pero sí la que pasó más tiempo entre mis manos) era mi Master System que aquello era como pasar de un Seat 600 a todo un señor Ferrari. 

Die Hard Trilogy - el modo disparos en primera persona era BRUTAL.

Y nada más llegar a casa, con una sonrisa de oreja a oreja, mi vecino en su casa y yo en la mía, desenvolvimos aquel regalazo que nos habíamos hecho.

Doy fe de que fue así. Un disco de demos (CD One), algunas de ellas jugables, se incluía dentro de la caja. Crash Bandicoot, Wipeout, y Tekken 2, entre ellos. 

Pasado el estupor inicial de lo que supone estrenar y desempaquetar una nueva consola, con toda la parafernalia de olores, plásticos y protecciones, lo siguiente tras realizar todas las conexiones pertinentes fue introducir dicho CD (un formato que a mí, acostumbrado a los cartuchos, supuso toda una revolución). Lo siguiente que recuerdo es quedarme con los ojos abiertos como platos y totalmente alucinado ante la intro del propio Tekken, y eso que ahora con el paso del tiempo vemos cómo patina, pero entonces era lo más potente que había a nivel CGI. ¿Y el juego? Brutal. Creo recordar que sólo podía escoger a Lei y a Law en una serie de combates, pero a mí me pareció demencial.

Wipeout fue uno de los mejores juegos de psx. Banda sonora electrónica sorprendente.

Más o menos a la misma hora en la que habíamos concordado, mi vecino y yo salimos de nuestras casas para compartir impresiones. Recuerdo que otro vecino que se había apuntado al estreno salía agitando la mano y resoplando (no, no se estaba masturbando, simplemente lo estaba flipando).

Mis primeros juegos

¿Pero qué sería de una consola con tan sólo una demo? Sí, la demo formó parte de mis fines de semana durante al menos un tiempo; revisé también los vídeos que incluía cienes de veces y aquella demo del REX tan amenazador. En mi búsqueda de juegos que debería tener sí o sí (uno al año, para no desestabilizar mi economía) mi primer intento fue ir a por Tekken 2. Pero me fue imposible, así que tiré de rastrillo para hacerme con otras joyas como un sorprendente en su momento Battle Arena Toshinden y Destruction Derby (horas con este). Pero buscaba más, algo que me llenara de verdad, hasta que un día y gracias a mi madre (de las pocas veces que alguien me ha regalado algo) que todo un señor Tekken 2 por unas 8 mil pesetas del ala se fueron para mi casa y a partir de ahí ya no pude parar. Playstation se había venido a mi hogar para quedarse y no irse nunca jamás, y a mi madre la conocieron en toda la tienda cuando al escuchar el precio de boca del vendedor clamó a los cielos: ¡¡¡OCHOOO MIILLLLLL!!! #realcomolavidamisma.

En PSX nacerían muchas de las mejores sagas de los videojuegos

Final Fantasy VII, Resident Evil y otros incunables como Silent Hill, los fui conociendo gracias a otras personas que ya llevaban un tiempo con la consola en sus manos. Lo del juego de Square y el de zombis de Capcom supusieron ambos toda una revelación. En PC existían juegos muy buenos, pero rol de aquella calidad y en tres dimensiones y survival... yo al menos no conocía ninguno. En los sucesivos meses me fui haciendo con ellos. Die Hard Trilogy, Soul Blade, Tenchu, la saga entera de Resident Evil , el mencionado Silent Hill, Final Fantasy VII, VIII, IX... Metal Gear Solid, Koudelka...  Final Doom (como no) y todo un largo etcétera que ahora mismo no recuerdo pero que pasaron por mis manos y que muchos de ellos -junto con la misma consola y con su misma caja- conservo a día de hoy. Sin duda para mí de las mejores consolas y con el mejor catálogo, y la que definió a toda una generación de jugones; entonces decir que se iba a jugar a la consola era decir que uno se iba a jugar a la play. Con algunas de las mejores y más longevas sagas en su haber. Hoy día con muchísimas opciones de ocio, con varias consolas entre mis posibilidades, Steam, y todo un largo etcétera, sigo mirando a esta consola como una de las mejores máquinas que tengo y a la que de vez en cuando sigo rejugando (podéis comprobarlo en algunas de mis entradas).

Se me quedan cortas las palabras y podría hacer otra entrada elogiándola y comentando todos los grandes títulos que he podido disfrutar gracias a ella. Pero de eso ya va este blog y a la vez que rindo homenaje al resto, también le dedico unas palabras a ella. Por eso y por todo lo que me ha dado, tremendísimass felicidades, y que cumplas en nuestros corazones y hogares, muchísimos más. Gracias por haber estado y por seguir ahí.

pd-en cuanto pueda le saco una foto a la susodicha.
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