14 de março de 2020
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PlayStation 2, nuestra consola favorita, cumple 20 añitos. Así la conocí

3/14/2020
La segunda videoconsola de sobremesa producida por Sony, llegaría a Europa y resto del mundo algo más tarde desde que el 4 de marzo del año 2000 hizo lo propio en Japón.
Fue el 24 de noviembre del mismo año cuando aquí la veríamos en tiendas, convirtiéndose a partir de aquel instante y casi sin darnos cuenta, en una de las consolas más longevas, respetadas y consideradas (por la amplia mayoría de jugones y entendidos del gremio) como la máquina más relevante y rentabilizada de todos los tiempos y, por consiguiente, de su generación.

Añadir leyenda (y dejo aquí el texto por defecto)

En gran medida gracias a que disponía de uno de los catálogos más numerosos e impresionantes jamás vistos en una consola el mismo día de su salida, y todo ello gracias a su retrocompatibilidad con la primera Playstation. Ésto se traducía en infinitas horas de ocio y con mucho trabajo ya hecho, aunque teniendo en su contra una enorme responsabilidad; hacer honor a su marca y mantener el listón tan alto que en 32 bits había dejado como referente en el recuerdo de millones de jugadores en todo el mundo.

Y vaya si lo consiguió. Hoy, en RetroNewGames, recordando y celebrando su 20º aniversario, sin entrar en detalles técnicos y de ventas (para ello ya hay multitud de páginas que lo hacen mucho mejor que yo), quiero hablaros en especial de mi experiencia y primer acercamiento a la que, por encima de muchas otras, considero como una de las máquinas más impresionantes que he tenido en mi vida y la que -para mí- fue la última consola como tal.

La reina de los 128 bits.

Mi primera Playstation 2 original y todavía como nueva. 

Amor a primera vista

Mi primer encuentro con Playstation 2, alias PS2, fue a través de la prensa como la gran mayoría de nosotros. Entonces yo, y al igual que la chavalada de la época, veníamos de una primera consola de Sony que nos había entusiasmado y que había cambiado para siempre nuestra percepción, además de servir de puente a los consoleros entre las dos dimensiones y el 3D. La primera Playstation, por tanto, supuso sobre todo para los que ya jugábamos a esto de los videojuegos mucho antes de que se hicieran populares y masivos, un cambio total de paradigma como también el pleno convencimiento de que todo era posible con sólo el límite marcado por nuestra imaginación. Es obvio que lo de antaño nada tiene que ver con la potencia gráfica y técnica actual, pero en aquel momento estábamos tan embelesados que poco o nada podíamos imaginar acerca de lo que estaba por venir. Estamos hablando de una época en la que Metal Gear Solid, Silent Hill, la saga Resident Evil, Gran Turismo y muchos otros títulos, lucían como nunca había lucido un videojuego en 32 bits; con una calidad fuera de toda duda que por entonces se nos antojaba como lo más cerca que nunca habíamos estado de la "fotorrealidad". En mi caso además, viví aquellos años de juventud con muchísima alegría e ilusión. Si los 8 y 16 bits, al igual que los arcade habían cambiado mi vida, el avanzar hasta el punto en el que se encontraban la siguiente generación de consolas, supuso un punto y aparte en mi forma de disfrutar de los videojuegos. Imaginad entonces por un momento, cómo me sentía y las grandes esperanzas que había depositado en la nueva consola de Sony, alucinando no sólo por los detalles técnicos que nos iban llegando, sino también con las pocas imágenes y vídeos promocionales que auguraban una explosión audiovisual que superaba a todo lo visto con anterioridad. 

Pero no sería hasta un año más tarde, a mil kilómetros de mi lugar de nacimiento, cuando pude gozar en mis propias carnes de la belleza negra de aquel consolón sin igual.

Devil May Cry fue uno de los juegos que más me impresionaron dentro de su catálogo.

Hallándome en una casa de un amigo con cinco hermanos, todos ellos entusiastas de los videojuegos y donde cada uno tenía la suya, se montaba un buen guirigay. Tanto es así que, cada vez que salía a la luz un título o una máquina nueva, al igual que ocurrió con Playstation 2, montaban partidas multitudinarias a las que muchísima gente se apuntaba (sus amigos y los amigos de sus amigos), con lo que no pocas veces éramos hasta quince personas que nos íbamos turnando de habitación en habitación. Aquello, más que una casa familiar parecía un salón recreativo. Menuda bacanal de vicio y diversión.

Pero lo que más recuerdo de todo ello fue el momento exacto en el que pude tener entre mis manos a aquella grandísima bestia: Playstation 2, la continuación de aquella magnífica máquina a la que tantas horas dediqué y tanto disfruté. Negra, con el logo en relieve y bastante más pesada y voluminosa de lo que podía creer. Con un tacto tan exquisito que auguraba superioridad absoluta y sofisticación. Ya su aspecto dejaba entrever sus intenciones; un salto adelante en muchos aspectos sobre la anterior generación. Sobria, seria y madura, y con una serie de extras que si cabe la hacían más apetecible y parecida a un electrodoméstico al que tener en consideración. Y es que además del componente lúdico, podíamos usarla como plataforma para nuestro entretenimiento cinéfilo, haciendo alarde de su reproductor de Dvd (con una lente que el tiempo acabaría por definir como pésima). Todo un acierto y un gran reclamo, aunque personalmente he de reconocer que lo que a mí realmente me atraía eran sus videojuegos.

Hace poquito alivié su lector instalando un disco duro. 
Y qué videojuegos. El primero de ellos, y que me impactó por encima de todos los demás títulos iniciales, fue el imponente Devil May Cry (que me acabaría comprando junto al primer Onimusha, disputándose entre ambos el haber sido el que estrenaría mi consola): un videojuego protagonizado por un joven rubiales y fanfarrón, quien a base de escupir plomo a diestro y siniestro, limpiaba sin remordimiento el castillo en el que se encontraba de las más extravagantes y extrañas criaturas. Todo un portento gráfico y preciosista para la época y que aún hoy sigue sorprendiendo. Realmente fue un título que me dejó con la boca abierta. 

Tanto fue así, que al cabo de unas semanas grabé varias partidas con algunos juegos en una cinta VHS que todavía conservo; y que usaría para gozar durante los meses siguientes, mucho antes de que existiera el formato Youtube y únicamente para convencerme de los motivos que justificaban mi futura compra.

Del día de ésta, poco recuerdo salvo que fue en uno de los tantos establecimientos que hoy día se llaman Game. Mi estreno con la tarjeta de socio. Y fue a partir de aquel instante que mi interés por tamaña consola sólo pudo crecer...

Estaba tan convencido de que no me iba a decepcionar, que ni siquiera perdí el tiempo en buscar otras opciones jugables existentes en la época. Tenía una fantástica Dreamcast que me había comprado sólo tiempo antes por motivos que ahora no vienen al caso y de la que un día hablaré, pero lo que yo quería en mi vida era una Playstation 2. Si la anterior PSX se había convertido en una de mis consolas más queridas y disfrutadas, lo único que cabía esperar con su sucesora era más de lo mismo pero...

...muchísimo mejor. 

Y en absoluto me decepcionó. Onimusha, Metal Gear Solid 2, Silent Hill 2, Colin McRae 3 y Gran Turismo 4, fueron solo algunos de los primeros juegos que pude disfrutar en mi piso de alquiler recién estrenado. En pantalla de tubo, como debe de ser. Más tarde vendrían otros como Las Dos Torres y Resident Evil 4, pasando a ser todos ellos a ser mis juegos más imprescindibles y con los que además de pasarlo en grande me permitían gozar de lo más actual. Además, y aunque yo ya era un entusiasta de Pc que había hecho mis pinitos como modder, diseño y programación, en aquel momento y por encontrarme fuera de mi patria de nacimiento y habiéndome llevado prácticamente lo puesto, era lo más factible y práctico que tenía a la hora de disfrutar de los momentos de soledad. De aquel tiempo conservo también la misma memoria e idénticos mandos, aunque de todos y por desgracia, un mando genérico bastante robusto con el que me hice, tristemente no hace mucho que se estropeó. 

Para mí la última consola como tal; que te permitía jugar cómo y cuando querías, sin drm y sin la necesidad imperiosa de una conexión a internet. Libertad absoluta. Eso que ahora no se lleva en este mundillo. Sin más...

Ps2 fat y Slim. 

20 años después, y celebrando el que no hace muchos días ha sido su cumpleaños, cuesta creer todos los buenos momentos que me ha dado (y que me sigue dando al igual que su antecesora ya que sigo jugando a varios de sus títulos). Su caja completamente azul, que aún conservo como nueva, luce hermosa en la estantería junto a otras tres máquinas en mi haber. La última, una slim (variante más pequeña que la original denominada Fat) comprada para cuando me iba de viaje, pertenecen ya a un pasado lejano en el que creíamos tener todo el futuro en nuestras manos y la eterna juventud. Otro tiempo, otro lugar, en un estado en el que jugar era el verdadero sinónimo de la diversión; una época donde en los foros y reuniones sólo imperaba el buen rollo y la compenetración. Unidos por una causa, unidos por el videojuego. Sin que a nadie le importasen los gustos de otros ni la plataforma.

Era evidentemente la consola menos potente de su generación y, sin embargo, destacó por encima de todos gracias a la calidad y variedad de su catálogo. La consola más vendida de su momento y en el que alcanzar cada logro era mucho más difícil de lo que es ahora. Disfruté cada uno de los títulos con los que me hice (hasta el momento es la colección más grande que tengo sin contar la de Pc) y todavía hoy tengo muchos por terminar. En mis manos está viviendo una segunda juventud. Sobre todo porque no hace mucho alivié su lente instalándole un disco duro y le instalé el FreeMcBoot. con el que poder jugar sin necesidad de usar mis copias originales. Las instalo a partir de ellas, y listo.

Gracias por mucho, y por casi todo, Playstation 2.

Entradas dedicadas a Playstation 2
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